BIENVENID@ INVITADO
Manuel

Manuel

Fotos de StevanFane y maraculio en Flickr bajo licencia de Creative Commons

Después de leer mi historia con Manuel...
Te preguntarás, ¿Cómo después de tres años puedo seguir ahí? 
El sentimiento de que, el chico que nunca pensé tener, el chico de mis sueños, en el que me fijé el primer día de clases, se fijó en mí... me llevó a vivir una ilusión de algo que nunca fue 

A veces necesitamos una amiga que nos diga nuestras verdades en la cara, sin filtros ni tapujos, tal cual son, sobre todo, cuando se trata de ese chico que nos pone el mundo al revés.

Así es, no hay conversaciones más certeras y francas que las que son en la madrugada, entre llantos y excusas.

¿Por qué nos inclinamos a crear un mundo lleno de justificaciones para los actos injustificables? Porque para bien o para mal, así es el amor, ciego y testarudo. Pero, ese es un amor autodestructivo, no el que realmente quieres para ti o el que mereces. Me di cuenta que llevo tres años autodestruyéndome, cerrada a cosas nuevas y mejores porque estoy esperando lo que nunca va a llegar. Seamos francas, si no ha pasado en tres años, porque lo haría ahora.

Bueno, déjenme contarles de forma resumida mi historia porque, aunque no se aprende a caminar en zapatos ajenos, nunca está demás tratar de aprender de las equivocaciones.

Manuel era el chico nuevo de la escuela, recuerdo la primera vez que lo vi entrar al curso, con sus ojos color café y su cabello castaño oscuro y su libreta en mano. Me pasó por al lado y se sentó unas cuantas filas detrás de mí.

Con el paso de los meses nos fuimos conociendo, y yo me fui enamorando de su personalidad, su sonrisa, su noble corazón y su intelecto. La verdad es que lo tenía en un pedestal, y me decía a mi misma: “¿Cómo alguien así se fijaría jamás en mí?”

Él era muy sociable, sin embargo, algo distante y misterioso, nos llevábamos bien, pero nunca intimamos, aunque las ganas no me faltaban.

Recuerdo que el salía con una de las chicas populares de un colegio cercano. Ella lo engañó y terminaron. Sentí como que me habían engañado a mí, ¿Cómo era posible que ella le hiciera eso? Me preguntaba una y otra vez.

En verano la situación entre nosotros empezó a tomar forma. Hablábamos más que nunca por WhatsApp, y un día me invitó al cine. A partir de ahí, no nos separamos como por un mes. Él iba todos los días a mi casa, o yo a la de él. Me sentía en las nubes. Pero a pesar de esa felicidad que te dan las mariposas en el estómago, me sentía insegura de mi misma, pues no entendía como una persona como él se podía fijar en mí. (No es que yo tenga nada malo, ni soy fea, simplemente en ese momento no me supe valorar).

Si me pidieran que les dijera concretamente qué pasó, no podría responder, pues no lo sé. Terminamos sin terminar. Las cosas se quedaron en el aire y mi corazón hecho pedazos.

Lo volví a ver en el colegio, luego de las vacaciones, y yo seguía muy dolida, me hacía la fuerte, la que no le importaba, pero de tan solo verlo me faltaba el aire para respirar, mi corazón latía a millón, y todo lo que me rodeaba desaparecía.

Siempre buscaba una excusa para hablarle, para verlo, para buscarlo, sin recibir la misma reacción.

A mediados del año escolar me enfermé, duré casi un mes y medio sin ir al colegio y supuestamente él preguntó mucho por mí, pero fue incapaz de hablarme o visitarme en la clínica.

Después de eso se murió mi padre y el pésame nunca llegó. Eso verdaderamente me dolió.

Sin embargo, mis ganas de crear algo donde no lo había seguían, estaba encaprichada, enamorada y obsesionada. Las felicitaciones de cumpleaños y los buenos deseos para año nuevo de mi parte nunca faltaron. Me humillé muchas veces en fiestas tratando de llamar su atención, escribiéndole para saber cómo estaba y tratando de hacerme notar en clases. Haciendo lo imposible porque me recordara. Pensaba en él a cada instante y siendo honesta, no he podido estar con nadie más.

Llegamos a coincidir varias veces en fiestas y cumpleaños, y normalmente recibía un mensaje o un comentario de él que avivaba lo que sentía. Pero nunca pasó de ahí. El día de la graduación él fue a la fiesta, no bailamos y apenas hablamos. Pero si me escribió en la madrugada diciéndome lo linda que estaba, y lo orgulloso que estaba de mí. Para ese entonces él ya tenía un año con su actual novia. No importaba el momento, a todo aquel que le preguntara por mí, él siempre decía que me tenía mucho cariño. (¿Qué se supone que yo haga con un cariño así?)

Lo invité a mi cumpleaños siguiente y lo organicé con la ilusión de revivir ese momento juntos. Él fue, lo vi y mi mundo se me vino abajo. Su novia no fue, tenía la esperanza de que ya no estuvieran juntos, porque una que otra caricia clandestina no faltó. Como costumbre me escribió en la madrugada para expresarme sus mejores deseos.

La gota que derramó el vaso fueron los meses después del cumpleaños, que estábamos en una fiesta, pero nunca nos vimos, sin embargo, él se encontró a mi mejor amiga, y me escribió de nuevo en la madrugada. Por obra y gracia de la vida, mi celular se había dañado, y recibí el mensaje al otro día. No me aguanté y le pregunté qué significaba ese “relajito” que teníamos.

Ahí me puso todos los puntos sobre las íes, alegando que él me quería muchísimo, pero que lo de nosotros era pasado.

Ojo, mi intención nunca fue ni ha sido, meterme en su relación, pues muy poco sé de ella, y aunque parezca difícil de creer, sí me alegra que él esté con alguien, siempre y cuando esté feliz. Y se lo dejé saber. Simplemente necesitaba sacarme la duda, hablar las cosas claras y cerrar ese capítulo de mi vida.

No volvimos a hablar. A los pocos meses, mi cumpleaños número 18 llegó, sin su felicitación. Me hice la idea de que efectivamente lo de nosotros era pasado, y el hecho de no vernos ni hablarnos me ayudaría a sanar. Pero a los pocos días, fue el cumpleaños de una de mis mejores amigas y él fue, sin su novia.

No sé en qué momento pasó, ni cómo pasó, solo sé que él me invitó a bailar, y por unos minutos fue como si estuviéramos solos en el mundo, yo era de él, y él era mío, no necesitábamos nada más. Bailamos dos canciones, y con cada paso mi corazón se aceleraba mientras sus manos me abrazaban haciéndome cada vez más suya.

Su mensaje en la madrugada no tardó en llegar y no pude conciliar el sueño.

No entendía nada de lo que estaba pasando, me confirmaron que el seguía con su novia, él sabía lo que yo sentía por él, ¿Por qué lo hizo?, sus palabras de hace unos meses contradecían sus acciones de esa noche. Nunca sabré.

Con quien me desahogué, como dije al principio, me dijo todas mis verdades. Él no te ama. Quien te ama no te hace sufrir. Si él te amara, estuviera todos los días hablándote y buscándote, buscando la forma de hacerte feliz a su lado. No solamente cuando se ven esporádicamente fuera del colegio. Él no te ama.

Efectivamente, entendí que él no me amaba y que yo merezco a alguien que me ame tanto como yo lo ame a él.

Te preguntarás, ¿Cómo después de tres años puedo seguir ahí? Si fuera otra dijera que es una loca, pero tengo varias razones, que te parezcan o no válidas, me hicieron seguir ahí.

La ilusión de lo que nunca fue. Ese “What if (¿Qué pasa sí…?)”. ¿Qué tal si yo hubiera hecho las cosas diferentes? ¿Qué hubiera pasado entre nosotros si seguíamos juntos? ¿Qué pasaría si volvemos ahora?

El sentimiento de que, el chico que nunca pensé tener, el chico de mis sueños, en el que me fijé el primer día de orientación, se fijó en mí.

Como una persona, que no forma parte de tu día a día, te conoce tan bien, y con el paso del tiempo aún se acuerda de cada detalle de lo que le has dicho, y aun así alega no sentir más que un simple cariño.

En fin, válida o no, la historia es cierta, y nos pasa a muchas. Nos quedamos enganchadas en una ilusión y nos cerramos a todas las cosas buenas que nos puede traer la vida. Por tu bien, aprende a decir “hasta aquí llego” / “esto se acabó”, trata, lucha por lo que quieres, pero valórate primero.

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