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Mis padres me avergüenzan

Mis padres me avergüenzan

Fotos de Pablo Sebastian Jara PeñaWanda Brenner en Flickr bajo licencia de Creative Commons

Tus padres te avergonzarán hasta cuando sean abuelos de tus hijos, pero no lo harán para molestarte ni mucho menos herirte, lo harán para protegerte porque siempre serás su pequeño/a, su bebé, él o la que necesita de su aliento y de su consejo

Carta de una madre a un hijo/a

“Todo empezó cuando te dejaba en el colegio, luego comenzaste a ir al cine por primera vez con tus amigos/as, y claro, el boom de los cumpleaños donde se invitaban a chicas y chicos”.

“Te sientes incómodo(a), prefieres caminar dos cuadras antes de que te vean con tu mamá y tu papá, porque sientes que ya eres lo suficientemente grande y autónomo/a, y necesitas tu espacio y libertad…”.

¿Detestas cuando mamá te da un beso frente a tus amigos o te pregunta como si fueras un(a) niño(a) si ya arreglaste tu habitación? ¿Ya no quieres abrazar a tu papá, ni cocinar o ir a montar bicicleta con él? ¿Sólo quieres estar solo(a) en tu habitación, con la música al máximo o con tus amigos/as, lejos de los adultos criticones y metiches?

Nos pasa a todos, es parte de nuestro crecimiento y desarrollo. Esa soledad e incertidumbre son las que nos empujan a buscar respuestas y a descubrir quiénes somos y que queremos.

Habrá momentos en los que gritarás, y no querrás saber de tus padres. Sentirás que el tan solo respiro de ellos te molesta, te perturba, interfiere con lo que quieres, y te avergüenza.

No eres perfecto, nadie lo es, por lo que ellos se equivocarán en un sin número de ocasiones, al igual que tú. Sentirás que tu mundo se derrumba sobre ti y tus padres son los causantes, por no saber guiarte, o advertirte. Pero recuerda, que tú los excluiste. Ellos deben darte el espacio que tanto pides, para que puedas cometer tus propios errores. Como dicen “nadie aprende en cabeza ajena”, no importa si ellos tienen una bolita de cristal para prever el futuro y advertirte de tus errores, no les creerás hasta que no los cometas. Porque así somos todos.

La adolescencia es una etapa de crecimiento, de toma de decisiones e indecisiones, de vergüenzas y caídas, de derrumbes y miedos; pero también de aprendizajes y amor. No importa cuánto te aísles, tus padres siempre estarán caminando junto a ti, esperándote con los brazos abiertos, tendiéndote una mano amiga y amándote incondicionalmente.

Tus padres te avergonzarán hasta cuando sean abuelos de tus hijos, pero no lo harán para molestarte ni mucho menos herirte, lo harán para protegerte porque siempre serás su pequeño/a, su bebé, él o la que necesita de su aliento y de su consejo.

No te sientas solo, no los rechaces ni los saques de tu vida. Lo que te molesta convérsalo con ellos y lleguen a un acuerdo. Recuerda que ser grande y tener libertad no significa prescindir del calor familiar. Ser grande y tener libertad no significa no tener responsabilidad sino todo lo contrario.

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