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El sexo y los roles de género

El sexo y los roles de género

ILUSTRACIÓN DEL ROTAFOLIO DE EDUCACIÓN SEXUAL Y AFECTIVO PARA LA ADOLESCENCIA 

La equidad de género se refiere a un principio de justicia y equilibrio social, que busca la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres

  • El sexo es la condición biológica y genética que diferencia por sus genitales y el aparato reproductor al varón, que tiene pene y testículos, de la hembra que tiene vagina. 

  • Tradicionalmente hombres y mujeres han sido educados y educadas, desde su nacimiento, para responder a modelos que asignan funciones y roles determinados según el sexo. A esta realidad se le llama “roles de género”. Por ejemplo nos dictan la forma de vestir (azul para los varones, rosado para las hembras), los juguetes con los que jugar (carritos para los varones y juegos de cocina para las hembras),  hasta la manera en la que debemos comportarnos sexual y afectivamente.

  • Gran parte de las distintas actitudes y comportamientos que observamos en hombres y mujeres son adquiridos a través de los roles de género dentro de la socialización en la familia, escuela, comunidad, grupos de amigos y amigas, etc.

  • Ese orden de género ha representado históricamente grandes desventajas para las mujeres como: menor acceso al trabajo, salarios más bajos, trabajos más precarios, menor acceso a los puestos de poder y toma de decisiones, menor prestigio social, ser objeto de violencia de género, mayor responsabilidad en el ámbito de la salud sexual y reproductiva, mayor carga de trabajo en el espacio doméstico, etc. A este conjunto de desigualdades y discriminaciones se les ha llamado “inequidades de género”, y se han reflejado en las costumbres, leyes, y en diversos espacios públicos y privados de la sociedad.

  • La equidad de género se refiere a un principio de justicia y equilibrio social, que busca la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres para que participen en todos los ámbitos de la vida en igualdad de oportunidades y  condiciones.

Comentarios

Me parece muy interesante su página. Los temas que se tocan son todos importantes y necesarios para los jóvenes de nuestra sociedad. Me permito como educadora y como mujer hacer un comentario a este artículo. Aquí se menciona que “la equidad de género se refiere a un principio de justicia y equilibrio social, que busca la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres” sin embargo se busca esta equidad precisamente eliminando las diferencias entre hombres y mujeres y limitándolo a la parte sexual. Y allí es donde difiero, o al menos creo que ayudaría verlo desde una perspectiva más amplia. Es evidente que hombres y mujeres somos sexualmente diferentes, pero nuestra diferencia no está solo allí. El cerebro humano no es unisex, ni genética, ni anatómica, ni funcionalmente. Los estudios sobre estas diferencias se han multiplicado desde la década de los ´80 en distintas áreas de la ciencia como la medicina, neurociencia, bioquímica, genética, biología molecular, psicología, etc… En numerosos estudios se destacan que las diferencias sexuales en el cerebro muestran el aspecto complementario de la mujer y del varón en distintos ámbitos como la familia, la empresa y la sociedad. Hombre y Mujer son los únicos dos modos de ser persona: estamos llamados a complementarnos. Por esto cada uno es necesario y tiene un papel en la sociedad. Ambos tenemos la misma dignidad y por ellos idénticos derechos, pero esto no implica que tenemos los mismos roles. El movimiento feminista empezó defendiendo los derechos (como por ejemplo el derecho al voto, a la educación, etc. de las mujeres) pero más adelante hemos visto cómo algunos sectores han optado por la masculinización de las mujeres. Y con esto no se ha conseguido lo que se pretendía: construir un mundo más humano con la participación corresponsable de ambos, si no que se ha desvirtuado lo bonito que es ser plenamente mujer. En estos momentos las mujeres necesitan modelos que quieren ser agentes de cambio pero sin renunciar a su feminidad. Sólo aceptando las diferencias biológicas y psicológicas entre hombres y mujeres seremos capaces de integrarlas y de hacer posible la verdadera igualdad de oportunidades. Por ejemplo, si decimos que la maternidad y el cuidado del hogar -que es un tema tan sensible y delicado para nosotras las mujeres- es algo que nos ha “impuesto” la cultura, entonces las mujeres entramos en desventaja con los hombres. Pues al no reconocer que la mujer tiene un papel importante en el cuidado de su familia (que no quiere decir que el hombre no lo tenga, sino que lo tiene de una manera distinta) entonces no se pensará en ser creativos a la hora de diseñar puestos de trabajos para las madres, a fomentar la conciliación entre el trabajo y la familia, a valorar el aporte que da la mujer a la empresa como su intuición, su capacidad de trabajar en distintos temas a la vez, por mencionar un ejemplo. Actualmente las empresas más sostenibles son aquellas socialmente responsables con las familias de sus empleados. La reciente historia de Malala Yousafzai, la joven pakistaní tiroteada por talibanes en octubre de 2012 por defender el derecho de las mujeres a la educación en su país, ha recordado a la comunidad internacional que millones de niñas en el mundo no pueden ir a la escuela y que la igualdad de derechos entre hombres y mujeres aún está lejos en muchas partes del planeta. Afortunadamente en muchos países del mundo los avances en la igualdad en el ámbito del trabajo han sido positivos. Una mayor igualdad legal abre las puertas a una mayor participación femenina en la fuerza laboral, a la iniciativa privada y a una mayor igualdad de ingresos. Sin embargo, para lograr una verdadera igualdad de oportunidades no basta con reconocer la igualdad de derechos. Es importante establecer medidas de conciliación y flexibilidad que partan de las diferentes necesidades y responsabilidades familiares en distintas etapas vitales. Si no se reconocen las diferencias y las responsabilidades familiares entre hombres y mujeres, entonces la igualdad de oportunidades en el ámbito laboral seguirá siendo deficiente, pues seguiremos construyendo sobre la tierra de pensamiento que refuerza los enfrentamientos y no construye puentes que permitan desarrollar una sociedad justa, donde el hombre y la mujer tienen grandes cosas que aportar. Hasta que no eliminemos de nosotros los prejuicios y las etiquetas sobre las “desventajas de distinguir lo masculino y lo femenino”, no entenderemos las riquezas que tiene cada uno. Los prejuicios sociales de la feminidad es lo que ha impedido a la mujer avanzar en sus trayectorias profesionales y sociales. Eliminar la feminidad no es la solución. La solución es apoyarla y sacarle todo su provecho. Les comparto un anuncio simpático que puede apoyar esta reflexión. https://www.youtube.com/watch?v=Fe1L70QacRk Muchas gracias,

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