BIENVENID@ INVITADO
El mal del que calla

El mal del que calla

Fotos de Sandra SegoviaThomas Officer en Flickr bajo licencia de Creative Commons

Somos libres de pensar, decir y sentir, siempre y cuando esto no le haga daño a otra persona. Debemos aprender a manejarnos y expresarnos, porque todas esas cositas nos van intoxicando y matando por dentro sin nosotros darnos cuenta

Carta de un adolescente...

¿Alguna vez te ha pasado, o te está pasado, que te sientes más cansado de la cuenta, sin ganas de salir ni de estudiar (bueno, ¿Quién realmente tiene ganas de estudiar?) de ir a la escuela y ver a tus amigos/as. Lo único que quieres es estar en tu habitación y dormir, si acaso escuchar un poco de música y tararear canciones con las que puedes perfectamente identificar tú desganes. 

Te cuento que hace poco estuve así. Me inventaba cualquier excusa para faltar a clases, cuando iba mi mente estaba perdida en otro lado, desde que llegaba a mi casa me apartaba de todos, apenas comía, y lo único que me hacía sentir mejor era dormir, porque sentía que las horas pasaban más rápido y no tenía que rendirle cuentas de nada a nadie. 

Realmente no sabía qué me estaba pasando, no había algo concreto que pudiera señalar que me hiciera sentir de esa forma, por eso nunca lo hablaba con nadie, porque ¿Quién me iba a entender si no le daba argumentos que sustentaran mi estado de ánimo? Nadie. Pero el tiempo pasaba y nada mejoraba. Seguía igual, mis notas comenzaron a bajar, mis amigos me dejaron de llamar y mi familia comenzó a preocuparse. 

La psicóloga del colegio me llamó un día y me preguntó si estaba teniendo problemas en casa, le dije que no, que todo iba bien. Así que me preguntó que si estaba teniendo problemas con mis amigos, le dije que no, que todo iba bien. ¿En el amor? Insistió, a lo que volví a responder “No, todo va bien”. Ella se quedó mirándome por unos instantes y me dijo, “Dices que todo va bien, pero no es así, tienes la cara pálida, haz perdido peso, tienes la mirada perdida y hace tiempo que no te veo reír. Esta noche trata de pensar en qué momento comenzaste a perder interés por todo y vuelve mañana para que hablemos”. 

Esa noche analicé los comentarios que me hizo la psicóloga, pues realmente no me había percatado de las cosas, simplemente me deje llevar por el sentimiento sin buscar como alejarme de él. Me di cuenta que no fue un acontecimiento preciso que me puso como estaba, sino muchas cositas que fueron acumulándose por yo no saber decir lo que pensaba en el momento, por yo no saber decir que no y por yo no saber decir lo que me molestaba. 

Es increíble como los seres humanos funcionamos, sobre todo los que solemos ser tímidos y tratamos de llevar la fiesta en paz y tragarnos nuestros pensamientos y sentimientos para no molestar al otro. Pero ¿Por qué? Somos libres de pensar, decir y sentir, siempre y cuando esto no le haga daño a otra persona. Debemos aprender a manejarnos y expresarnos, porque todas esas cositas nos van intoxicando y matando por dentro sin nosotros darnos cuenta. Le llamo el mal del que calla. 

Si eres como yo, te recomiendo que hables con alguien a quien le tengas confianza y respeto, ya sea un psicólogo, profesor, tus padres, tíos, abuelos, familiares o amigos, para que te desahogues y te orienten; pero sobre todo, te recomiendo que empieces a externar tus pensamientos y sentimientos. ¿Qué es lo peor que puede pasar? 

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